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Por Gabrielle Negrel, militante de la no-violencia y los derechos humanos (Agencia Pressenza).

Los atentados, los intentos de golpes de estado militares, las guerras, las guerras económicas, el fascismo que se desarrollo en Europa y en otros lados, la locura humana, la desesperanza, el cinismo de los políticos, la violencia de la sociedad, las represiones, la democracia o lo que creíamos que era la democracia etc. desbordan nuestra vida cotidiana.

¿Cuál es el color del mundo? ¿Lo percibo apagado o de colores vivos, luminoso o negro? ¿Cómo vivir con todo esto? ¿Cómo hacer en nuestro diario vivir?

Estamos en un momento particular en que dos mundos se juntan, uno que termina y otro en los albores hacia un nuevo mundo. El primero es un mundo violento bajo todas sus formas (económica, racial, religiosa, física, psicológica, sexual) querido por una minoría. Los representantes y los constructores de este mundo no quieren soltar nada, rechazan la mutación y usan todas las formas de violencia para resistir. Tienen las armas en sentido propio y figurado.

El otro mundo, cuya respiración percibimos, se llama intento, esperanza, alegría, tolerancia, solidaridad, justicia social, distribución. ¿Les parece simplista? No lo es. Todos estos términos se han desmaterializado, un poco ridiculizados, ciertamente, y sin embargo quizás sean la base de un cuestionamiento más profundo acerca de quiénes somos en tanto seres humanos.

Estos últimos años se ha expresado en las calles la necesidad de vivir de otra manera y juntos hemos construido una imagen común del mundo que queremos. Nada de divagación ni ensueños. Esta imagen colectiva acompañada por una fuerte carga emotiva produjo actos concretos en todas partes del mundo. En un mismo tiempo histórico se propagó una ola, se creó una conexión entre los seres humanos, independientemente de su lugar geográfico. ¿Sería esta una toma de conciencia nacida de la necesidad de terminar con todo este sufrimiento y esta violencia? Podemos “ver”, “sentir” colectivamente el mundo al que aspiramos y muchas acciones positivas surgen cada día en respuesta a esta necesidad.

¿Entonces, para cuál de ellos podemos hablar de fracaso? ¿Para este mundo que llega a su fin o para el que nace? ¿O para los dos?

Para el mundo que termina, sí, es un fracaso indiscutible: todos sabemos que se construyó para y por algunos en detrimento del número mayor de personas, produciendo violencia y sufrimiento en todas las etapas. La corrupción y toda la parafernalia de infamias guían sus actos. No tienen futuro aun cuando afirmen lo contrario.

Para este nuevo mundo que nace, es un fracaso del que se aprende, un fracaso de estar juntos en la calle, sin bandera que nos distinga fuera de la de nuestra humanidad. Es una etapa y no un fin el no recibir. El aliento del Sentido no se detiene jamás como una búsqueda presente desde el inicio de nuestra historia humana.

La lucha será difícil, hay violencia y todavía la habrá bajo todas sus formas, debemos prepararnos internamente y en el exterior también. Para ello, tenemos la necesidad de integrar abiertamente lo que es la violencia, en la preparación de nuestras acciones, nuestras discusiones, nuestros estilos de vida, para así comprender cómo se expresa en cada uno de nosotros y en el exterior de nosotros, pero también comprender qué es la no-violencia, sencillamente porque no la hemos experimentado. Sin este trabajo personal y colectivo estaremos siempre repitiendo los mismos esquemas. No-violencia y solidaridad, dos elementos indisociables para luchar contra todas las formas de violencia.

¿Cómo hacer en nuestra vida diaria? Tal vez responder a la pregunta por la necesidad. ¿Qué es lo que me es necesario? ¿Qué me da esperanzas o me hace sufrir? ¿Qué es lo que me da alegría o me pone triste? ¿Cómo quiero trabajar, para quién, para qué? ¿Quién soy? ¿Hacia dónde voy?

 

El intento no tiene nada que ver con la ingenuidad o el ridículo como quieren hacernos creer todos los violentos para minimizar la fuerza de la acción colectiva, sino que con el coraje, la dignidad y la bondad. Gracias a vosotros por volver a darle color a nuestro mundo.