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Hissène Habré, ex presidente de Chad, es condenado a cadena perpetua por la justicia de un tribunal especial creado por Senegal y la Unión Africana.

 

Habré, fue encontrado culpable de crímenes contra la humanidad y de haber ordenado el asesinato y la tortura de miles de opositores políticos durante los ocho años que estuvo al frente del país.

Resultó que más de 40.000 personas murieron entre 1982 y 1990, durante una administración que estuvo marcado por una bárbara represión contra los opositores y por los ataques contra grupos étnicos rivales. Habré, de 73 años, también está condenado por violaciones y esclavitud sexual, órdenes de asesinatos, y varios testigos declararon en la corte el horror vivido en las cárceles del país. El juez encontró evidencia de que Habré “creó un sistema en el que reinaban la impunidad y el terror.”

Basándose en el principio de jurisdicción universal, que permite a los tribunales nacionales juzgar los crímenes cometidos en otros países, es la primera vez que un ex jefe de Estado es condenado por crímenes contra la humanidad por un tribunal apoyado por la Unión Africana. Habré también era conocido como el “Pinochet africano”, inspirado en la detención de Augusto Pinochet en Londres, con un mandato por el juez español Baltasar Garzón por los crímenes cometidos en Chile.

El ex dictador, que recibió un fuerte apoyo de Estados Unidos mientras estuvo en el poder, nunca reconoció a la corte establecida para juzgarlo y a menudo estaba ausente de las sesiones. Sus abogados se negaron a escuchar el veredicto y la sentencia, y consideran que este fue un juicio político decidido desde el inicio. Habré tiene 15 días para apelar la condena.

Se trata de una “decisión histórica”, uno “de esos momentos a los que las víctimas en todas partes pueden aferrarse en los momentos más oscuros, cuando la justicia parece estar fuera de alcance”, declaró Amnistía Internacional.

Para los activistas de todo el mundo, el acontecimiento es considerado como el “juicio africano del siglo”, y marca el camino a la construcción de una verdadera justicia africana, por la que se espera que pasen varios presidentes africanos que utilizan su poder e influencia para reprimir y violentar a los pueblos. Esta victoria es también la victoria de los que tuvieron el valor de testificar y los que luchan y persisten por la justicia en sus países, con la esperanza de que otros en el mundo se inspiren en esta lucha de 25 años por los activistas de Chad.

Autor: Djamila Andrade, agencia Pressenza