Llegamos a la fecha para el inicio del ciclo lectivo, y como todos los años, la Educación, en especial el desempeño docente, vuelve a estar en el ojo de la tormenta.

Como educadores y educadoras observamos con gran preocupación el ataque que viene sufriendo la educación pública a lo largo de los últimos años: Cierre de cursos y escuelas, y recientemente la información del cierre de escuelas rurales y establecimientos de la zona del delta.

A esto le sumamos el cese de docentes provisiones y suplentes; el traspaso de los centros de formación profesional (escuela de oficios) a la órbita del Ministerio de Trabajo, con destino incierto de la continuidad laboral de sus docentes; cierre de cientos de puntos del Programa Fines, vaciamiento de la modalidad de Educación de Adultos y de Programas Educativos inclusivos (CAJ, CAI), con congelamiento de presupuesto, sueldos atrasados y condiciones de trabajo pésimas.

La gobernadora Vidal se muestra agresiva con la dirigencia gremial docente, al igual que hace el gobierno nacional; pero detrás de esa máscara esconde su verdaderas intenciones, que es la desarticulación de la organización de los trabajadores y trabajadoras docentes para limitar su capacidad de lucha y cerrar acuerdos salariales que sostengan una pérdida del poder adquisitivo.

Una muestra de esto es la actual propuesta, en la última reunión paritaria el aumento propuesto fue del 15%, a pagar en tres tramos, sin “cláusula gatillo”, más el pago de un “premio por presentismo” en negro, que “castiga” a aquellxs docentes que, por razones de salud, deben ausentarse de sus puestos de trabajo y hacer uso de una licencia.