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Dice Rita Segato que los femicidios son sólo un síntoma de una “pedagogía de la crueldad” para destruir la compasión, la empatía, los vínculos y el arraigo local y comunitario.
 

 

Y de seguro usted, que está leyendo esta nota, se está poniendo a pensar y tal vez a formular preguntas tales como:

¿Qué es el Segundo Estado? ¿Los femicidios son crímenes políticos? ¿En mi ciudad estamos perdiendo el arraigo comunitario y la capacidad de empatía hacia los demás?

Los diarios de hoy, 15 de marzo de 2018, narran la desgraciada pérdida de Marielle Franco, fuerte militante feminista y por los derechos humanos en Brasil que había logrado consagrarse concejala con 46.000 votos y no defraudar a su comunidad en una política persistente de denuncia de la brutalidad policial detrás de la que se expresaba una filosofía de defensa de la humanidad que hoy es objeto y moneda de cambio de un mundo cada día más cruel y de mayor concentración económica.

Cinco de las nueve balas disparadas desde un auto estacionado detrás del que ella viajaba en pleno centro de la ciudad, impactaron en su cabeza. Y el dato no es menor.

El mensaje es que a las mujeres como Marielle no alcanza con violarlas y tirarlas a la basura, hay que destrozarles la cabeza, porque en ella reside un modelo político en el que jamás tendrá lugar la mafialización de la política.

Marielle, una mulata consciente del entrecruzamiento de las opresiones por raza, género, clase, ideología, religión y lo que sea –que no afecta sólo a mujeres– sino que feminiza, subyuga y posterga a todos los colectivos feminizados del mundo, no cesó hasta pocas horas antes de su muerte de cumplir con el mandato de ser la relatora de la Comisión creada para fiscalizar las operaciones policiales en el marco de la intervención militar en Río de Janeiro, y de utilizar todo, hasta una simple cuenta de twitter dónde lo último que hizo fue preguntar “¿Cuántos tienen que morir para que esta guerra acabe?“

Y  así denunciar la existencia de un Segundo Estado integrado por el entramado de mafias del narcotráfico, la trata, la prostitución y el tráfico de armas y que, gracias al volumen de su economía, no sólo supera la capacidad de negociación de cualquier gobierno de la región, sino que su fuerza principal reside en financiarlos.

Así, un insostenible Temer se yergue sobre la primera magistratura de Brasil y así Latinoamérica y El Caribe junto a otras regiones postergadas del mundo, se disciplinan ante un neoconservadurismo brutal, cuyas prácticas políticas logran disfrazarse de moralidad, meritocracia, orden, eficiencia, modernización, y demás mentiras, mientras en realidad sólo producen corrupción, ruptura de los lazos de solidaridad social, discriminación, desmantelamiento del orden de avanzada en la legislación de los derechos humanos y entrega vil de la soberanía política y económica al mejor postor.

No podía salirle gratis a Marielle como tampoco le ha salido gratis a una compañera de la Corriente Clasista y Combativa en nuestro país su militancia, habiendo salvado su vida de milagro de cinco balazos que el gobierno y la justicia todavía no se dignan investigar de dónde vinieron.

La muerte de Marielle Franco es un crimen que anuncia que todos quienes hemos asumido que no dejaremos este mundo sin pretender cambiarle el rumbo que lo sostiene hacia la mafialización de la política, estamos en peligro.

Y no es un asunto que tenga que ver con que ocupemos o no ocupemos funciones públicas. No.

La muerte de la ambientalista hondureña Berta Cáceres o de Diana Sacayán por la defensa de la ley de cupo laboral para personas trans, hablan de lo que es meterse con los intereses del Segundo Estado.

El Segundo Estado también gobierna en Argentina y en todas partes al menos de la región, porque goza del beneficio absoluto de la degradación de la educación como espacio de formación política de la ciudadanía, y de su incapacidad para reorganizarse y resistir las embestidas de los medios de comunicación que también integran las redes mafiosas.

Nadie que se digne a ser buena gente está libre de morir con cinco balas en la cabeza que nos dan la maldita orden de dejar de pensar con autonomía y dignidad.

 

Por María Laura Razzari, Profesora de Historia y Filosofía. Concejala, mandato cumplido, Bloque Feminista HCD Chivilcoy. Presidenta de la Asociación Civil Maltratocero. Referente seccional del Movimiento Alfonsinista.