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Por Jorge Núñez Arzuaga.

 

La oleada neoliberal de los años 90 trajo junto a las privatizaciones, el individualismo y la especulación financiera, un profundo replanteo en el interior de las fuerzas políticas. Los partidos tradicionales estaban en crisis ante el proclamado “fin de las ideologías” y desmovilización de las militancias. El electorado había sido traicionado por quienes levantaban las banderas del “salariazo y revolución productiva”, slogans de moda por aquel entonces. Se sufría en la Argentina, pero era un mal de la época, extendido también en la región.

Dentro de los ámbitos de debate y reagrupamiento social una buena parte de los referentes se aplicó a las organizaciones sindicales, para resistir y enfrentar el modelo económico y cultural que venía a arrasar al campo popular. Pero era necesario construir opciones políticas frentistas, capaces de discutir cara a cara con el “poder real” en la arena democrática.

En ese contexto, mujeres y hombres provenientes de distintas vertientes, confluyen en la idea de que “otro país es posible”, y el 27 de abril de 1993 con una conferencia de prensa en el histórico café Tortoni de la ciudad de Buenos Aires, realizan el acto fundacional del partido Frente Grande. La propuesta se replicó en poco tiempo en los 24 distritos electorales del país, constituyéndose una fuerza con presencia en todo el territorio nacional.

Pasó una década de expoliación hasta que se desmoronara el engaño Menem-Cavallo y terminase en el desastre de De la Rúa-Cavallo en 2001.

“Fueron años intensos donde tuvimos aciertos y errores pero nunca dejamos de pensar y pensarnos como un instrumento del debate político y cultural para construir una Argentina más justa”, dicen los más experimentados dirigentes del Frente Grande.

El partido integró el Frente para la Victoria y se sumó activamente a los gobiernos de Néstor y de Cristina Kirchner en la reconstrucción de un país devastado. En esos doce años se produjeron avances significativos para el movimiento nacional.

A fines de 2015 Argentina había ganado en autonomía política y económica, integrada a Latinoamérica. Pero una nueva oleada neoliberal en el mundo, encarnada por el macrismo en este país, a caballo del marketing político con una fuerte penetración sicológica alcanzada a través de los medios de comunicación hegemónicos, hizo desandar en cuatro años un esforzado camino recorrido por los argentinos.

Otra vez la resistencia se encolumnó en marchas masivas de los trabajadores, estudiantes, organizaciones sociales y de derechos humanos. Nuevamente el espíritu frentista se articuló, primero en Unidad Ciudadana y luego más ampliamente en el Frente de Todos, para recuperar la memoria y la esperanza de nuestro pueblo con Alberto y Cristina.

El Frente Grande es uno de los miembros pilares de esta nueva mayoría que asume el gobierno el 10 de diciembre de 2019.

“Reconocemos a Cristina Fernández de Kirchner como nuestra conductora política y con capacidad de liderazgo conceptual inigualable. Se puso al frente de la construcción de una

alternativa electoral capaz de frenar la destrucción nacional. Supo amalgamar un frente electoral amplio como es el Frente de Todos.

Sabemos que es un momento difícil para las mayorías populares pero vemos que nuestro gobierno está recuperando un rol activo e independiente del Estado. Ya no mandan las corporaciones aunque siguen pugnando por preservar sus intereses y privilegios...”

“Acompañamos los esfuerzos del gobierno encabezado por Alberto Fernández. Confiamos en las fuerzas políticas y sociales del campo nacional, popular y democrático para que prevalezca la vida por sobre los intereses concentrados. No podemos ser espectadores. Fuimos, somos y seremos luchadores y luchadoras de la vida. Pondremos toda nuestra inteligencia y esfuerzo para pasar este difícil momento y para construir un futuro para las mayorías…”

A tres meses de comenzada la gestión se desata una pandemia de características inéditas en el mundo, por eso el Frente Grande convoca y se compromete a fortalecer la acción política en todos los campos, aportando también propuestas para superar la emergencia:

“Apoyamos con decisión la instauración de un impuesto a las grandes fortunas por un tiempo determinado.

Creemos importante pensar en la posibilidad de un Empréstito que sume recursos para salir de la contingencia.

Nuestro compromiso es con los humildes, los trabajadores y trabajadoras, las Pyme, en definitiva las mayorías populares, con la lucha de las mujeres, la juventud y los Derechos Humanos.

Nos aferramos a la historia del cooperativismo y a la economía social y solidaria como forma de repensar la recuperación productiva de nuestro país.

Debemos pensar formas de acercar el productor al consumidor, ferias y mercados populares que eviten la intermediación parasitaria y garanticen precios accesibles a los sectores populares y que el dinero sea manejado por los argentinos y las argentinas.

Creemos también en sociedades mixtas entre el privado y el Estado con participación popular para producir e integrar la cadena de comercialización en forma directa.

Sabemos que hay que reconstruir el Estado y está pandemia que estamos viviendo lo deja claro. Sin Estado, sin política y sin protagonismo de una sociedad organizada la crisis la seguirán pagando los humildes de la Patria.

Es hora de construir una democracia adulta, con denominadores comunes y también respetando las diferencias. Con políticas de Estado y con disputas leales en cómo llevarlas a la práctica. En la diversidad está la riqueza de la Argentina que queremos construir”.

Fiel a los principios que le dieron origen hace 27 años, el Frente Grande reafirma “Queríamos y queremos una sociedad más igualitaria, más solidaria, más humanista”.

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