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Columna de opinión de Alejandro Tarruella.
 

 

Trascendió a los medios de comunicación, el documento reservado “Prospecto de emisión”, que el secretario de Finanzas, amigo íntimo del Presidente Macri, entregó a inversores en bonos de Estados Unidos y Europa. Son los bonos que el gobierno emitió a 100 años. Advierte en 29 páginas, ante los problemas que afronta el Ejecutivo de un modo que no repite ante el pueblo.

En la práctica, Caputo señala los riesgos del fracaso que puede sufrir en el corto plazo el gobierno (las elecciones) y procura en todo caso, alertar para “recibir inversiones” en la lluvia que ilusionan en la intimidad. Para ello, Caputo y su equipo, analizaron cinco variables posibles que tratan en términos estrictamente económico financieros.

Expresa con brutalidad Caputo, en forma “estrictamente confidencial” que “Si la agenda de la administración Macri no puede ser implementada con éxito -incluso como resultado de la falta de apoyo político de los partidos de oposición en el Congreso-, el resultado puede debilitar la confianza y afectar negativamente a la economía y la situación financiera de la Argentina”.

Al parecer, su intención fue hacer una estimación sobre inflación, productividad, déficit fiscal en el contexto de las elecciones de octubre y su impacto sobre la acción de gobierno. Es curioso que el funcionario, advierta sobre los riesgos de comprar esos bonos y es posible, que pretenda atar a los inversores a su suerte para sacar ventaja.

Caputo y la inflación kaput

Sobre la inflación, expresa que “Si los niveles actuales de inflación no disminuyen, la economía argentina podría verse afectada negativamente”, reza un apartado en el que se hace referencia a la difícil situación de los precios”. Reconoce que se está lejos de la meta del Banco Central: “Para peor, si bien el dato de mayo dio un sorpresivo 1,3%, se espera que para julio ronde el 1,5%”, y que de seguir los altos niveles de inflación, como ahora, puede producirse “un efecto adverso sobre la economía y la situación financiera de la Argentina”. Señala que “el elevado índice de precios puede conducir a un aumento de la deuda soberana y generar un efecto adverso sobre la capacidad futura del país para hacer frente a sus compromisos.

Caputo establece que en parte, un fracaso político del gobierno puede estar atado al resultado de los comicios legislativos de octubre. Y lo vincula a la incertidumbre que generan los actos electorales. “La composición del Congreso después de estas elecciones es incierta. También es una incógnita el impacto que tendría un fracaso electoral de la coalición gobernante para mejorar su representación en el Congreso”.

Respecto del dólar dice: “Si ocurre una devaluación, en este caso, es de prever un impacto negativo en la “caja” del Gobierno, en términos de “moneda dura”. Se corre el riesgo de que el índice de precios repunte y que los salarios reales se reduzcan significativamente” y que “Si, en cambio, se profundiza el atraso cambiario: los riesgos vienen por el lado de una reducción de exportaciones, producto de la pérdida de competitividad”. Adula entonces al gobierno, expresando que respecto de los subsidios, que vienen que no pueden “asegurar que tales medidas tengan éxito“, se excusa llamativamente y el resultado fiscal podría tener impacto negativo sobre el intento de acceder al financiamiento externo. Y expresa con rara sinceridad que “Si la economía argentina no se recupera y el crecimiento no se acelera, es posible que no se cumplan los objetivos de déficit de la administración”.

Absurda dimensión del milagro

Luego, Caputo dice del endeudamiento, que el gobierno no puede asegurar que cuente con fondos para repagar compromisos contraídos. “No puede haber garantías de que la República podrá obtener financiación en condiciones satisfactorias a futuro, lo que tendría un efecto adverso sobre la capacidad del país para efectuar los pagos de su deuda pública”. Tal vez aquí, Caputo haya tratado de comprometer a inversores en su suerte. Y reflexiona que así, no habrá posibilidades de recepcionar inversiones. “En el futuro, el país podría no estar en condiciones de acceder al mercado de capitales” para repagar los pasivos, le dice el Gobierno a quienes les está vendiendo un título nada menos que a 100 años de plazo”. Sus efectos sociales no se mencionan.

El documento de Caputo expresa las incertidumbres del gobierno ante los tiempos electorales y es posible, que haya tenido como misión, la de motivar hasta emocionalmente, ante las dudas que afronta en la primera elección en la que observa la alternativa, no es la única, de un fracaso. Montado en la ilusión de la ya poco creíble “lluvia de inversiones”, trajina sobre la misma en un intento de alcanzar la dimensión de un milagro. En economía, los milagros son poco factibles. En política puede que sí.

Es curioso, en ese contexto, que no haga mención de las diferentes hegemonías que presenta el planeta que, a su vez, abre perspectivas como sería, por ejemplo, aludir a los BRICS. Caputo juega una sola ficha en una sola perspectiva, no está abierto a matices. Y clama por ayuda “alineándose” si contar que para el bloque hegemónico occidental no hay alineamientos sino subordinaciones. Y el hecho de no haber logrado el status “emergente” que anunciaba, lo expresa con claridad.

Ese es uno de los dramas de Cambiemos. Y ese es en parte, su drama. De ahí que el documento, como las ilusiones de “lluvia de inversiones” o ser considerados “emergentes”, tal vez no sea más que otra expresión de deseos para una iniciativa política que quede una vez más más “esperando a Godot” en la plaza desierta (no la financiera), o como el Penado 14 que “Murió haciendo señas y nadie lo entendió”, según la descripción de Carlos Pesce, Agustín Magaldi y Pedro Noda. El tango se conoció en 1930, etapa de crisis profunda en el país y en el mundo.