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En el diseño web tenemos el gran problema de no dar la importancia necesaria a las imágenes. A la gente nos gusta primero ver y luego leer por lo tanto una página web con contenido en imágenes será mucho más atractiva.

 Por otro lado tenemos el problema de aquellas páginas web que sí han creado contenido fotográfico pero de mala calidad.

A continuación enumeramos una serie de puntos para detectar si la imagen que hemos obtenido no es apta para nuestro sitio web.

    La imagen se muestra más grande que su tamaño real. De esta forma estamos forzando al sistema a “inventar píxeles” y por lo tanto obtenemos lo que llamamos una “imagen pixelada”.

    La iluminación no es la apropiada. Si no tenemos en cuenta las condiciones lumínicas podemos obtener imágenes sobreexpuestas (aparecerán zonas demasiado iluminadas) o imágenes subexpuestas (zonas demasiado oscuras). Photoshop hace milagros pero de una parte totalmente negra o totalmente blanca de nuestra fotografía no podremos sacar demasiada información para “arreglarlo”.

    Enfoque incorrecto. Una imagen cuyo elemento a destacar aparece desenfocado provoca un muy mal efecto y hace que la atención del usuario no se centre en el elemento deseado.

    En la imagen aparece ruido, suciedad, destellos…

    La composición de la fotografía no es la adecuada. Habrán casos en los que nos interese centrar la atención sobre un elemento (producto o persona) sin que hayan elementos alrededor que puedan distraernos. Para ello deberemos tomar la  fotografía sobre un fondo uniforme que incluso nos permita recortar correctamente el producto para que no se aprecie un marco rectangular alrededor y el fondo de nuestra fotografía se funda correctamente con el de nuestro sitio web. Por otro lado, si nos interesa que el elemento que fotografiamos aparezca junto a más elementos debemos prestar mucha atención a qué objetos tenemos alrededor y centrar la  atención donde nos interesa.

Ejemplo: Si quiero fotografiar un bolígrafo encima de la mesa de una oficina junto a más material procuraré que el folio sobre el que se sitúa no está sucio, ni hemos escrito en él, ni tenemos al lado una tarjeta del bar de abajo ni aparece al fondo la papelera rebosante de basura.

    La imagen no se corresponde con la realidad. Si vendemos un producto, la imagen debe mostrar el producto de la mejor forma posible pero sin engañar a nadie. Muchas empresas no disponen de tiempo o medios para realizar fotografías con las que crear contenido en la web y recurren a bancos de imágenes. No hay nada malo en usar bancos de imágenes pero siempre dentro de una coherencia. Si soy una zapatería en el centro de mi ciudad en un pequeño local de 30m2 no voy a buscar una imagen de estanterías infinitas con miles de zapatos que ni siquiera tengo en mi tienda.

    Collages o montajes que no concuerdan con el estilo de la página. Debemos prestar mucha atención a las tipografías y colores empleados en el diseño de nuestra página web para que el montaje que acabamos de realizar no desentone y nos produzca un efecto desagradable. De nada sirve si tenemos una página web estupenda, muy elegante cuyos colores principales son tonos pastel si llego yo después e inserto en la página principal una imagen mal recortada, con 4 tipografías diferentes a cada cual más estrafalaria y además en colores que dañan la vista.

Con todo esto he querido simplemente establecer unos mínimos a la hora de incluir material fotográfico en nuestro sitio web. No quiero decir que tengamos que recurrir a un fotógrafo profesional ni comprarnos el mejor equipo del mercado. Incluso con los últimos modelos de teléfonos móviles podemos conseguir muy buenas fotografías pero de nada nos sirve una foto muy nítida y de gran resolución si hemos realizado la captura en las peores condiciones lumínicas, si no hemos cuidado la composición o si después hemos destrozado la imagen en cualquier programa de retoque.